Decidida a transitar por renovados océanos musicales, mi metamorfosis hacia la heterodoxia pop me ha llevado dar un giro de 180 grados hacia parajes contextualizados por una fauna referencial que va de los Animal Collective de “Merriweather Post-Pavillion” a los hechizos krautpop de Stereolab o la magia de Dan Deacon. Entre estos extremos, me encuentro en el momento de poder dar una versión más colorista de mi paleta musical.

Nunca antes me había sentido tan plena ni con esta efervescencia creativa a la hora de descifrar el enigma de todo lo que ocurre dentro de mí,  de comprender mi mundo y el mundo que me rodea para transformar esa energía en canciones.

Todo emerge a borbotones y la única forma de canalizar este torrente de sensaciones es a través de ejercicios de pop impresionista repletos de emociones. O lo que yo entiendo como mi forma de mutar hacia la sencillez desde la complejidad, de sonar a mí, totalmente autónoma. Así sucede en “Campo caída”, mi más reciente LP, un juego de fantasía, libre, sin prejuicios y con la confianza necesaria para dejar que aflore el crisol de sensaciones que forman mi universo interior.

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Carlos Bayona